Orden y control local: La acción municipal en Berazategui durante la dictadura cívico-militar (1976-1983)

Por: Agustina Fernández [I]

A cincuenta años del inicio de la última dictadura cívico-militar, las fuentes historiográficas han logrado realizar un compendio de información extremadamente relevante en cuanto a la comprensión de los mecanismos represivos a escala nacional. No obstante, como advierte Canelo (2015), el análisis de los gobiernos locales resulta fundamental para comprender la penetración del régimen, ya que el nivel municipal constituyó la primera línea de contacto directo, control y disciplinamiento sobre la vida cotidiana de la población.

En este marco, el partido de Berazategui, (relativamente joven dada su condición de independización de Quilmes en 1960) presenta una particularidad interesante, donde para su entramada historia fabril y obrera la intervención dictatorial fue un choque masivo para la estructura comunal. Esto no fue simple ni lineal, sino sistemático y cronológico: a partir de marzo de 1976, dicha estructura coercitiva no respondió a una simple inercia burocrática, sino a la necesidad imperiosa de desarticular los lazos colectivos y territoriales que sustentaban la organización social local y para esta ciudad ubicada al sur de la Provincia de Buenos Aires, las disposiciones del Poder Ejecutivo Nacional en aquel entonces también fichaba una directiva específica, como para cada intendente perteneciente a los diferentes partidos del conurbano y para su comunidad y entorno político. A partir de este escenario, el presente ensayo se propone responder a la siguiente interrogante: ¿de qué manera la acción municipal en Berazategui funcionó como un dispositivo de control social, moral y político durante el período 1976-1983? Se sostiene como hipótesis que la intendencia de facto articuló mecanismos burocráticos, normativas sobre el espacio público y dispositivos de vigilancia vecinal que operaron como un complemento indispensable del esquema represivo general, buscando reordenar el tejido social bajo los imperativos del régimen militar.

Para indagar en esta problemática, este trabajo dialoga con los aportes conceptuales de Canelo y Kryskowski (2021) sobre la conformación de los elencos municipales bonaerenses y con estudios recientes sobre la memoria y el territorio en Berazategui. A través de este cruce, se examina tanto la militarización del gabinete comunal como el despliegue de normativas orientadas a vigilar los espacios de sociabilidad urbana. Se agregan, además, autores como González y Deluchi (2003) sobre particularidades históricas del partido homónimo, Águila (2021) para referenciar la importancia del estudio de casos particulares, Basualdo, Morales y Esponda (2015) con intención de materializar el trabajo de las Fuerzas Armadas (FFAA) sobre el esquema productivo municipal, Moya (2018) para indicar parte de la estructura sindical y, finalmente, Leguizamón (2023) en representación sustancial de la vida de los desaparecidos previos a su captura.

Este ensayo se estructurará en tres apartados: en primer lugar, se analiza el perfil de la intervención municipal y la militarización del gobierno local; en segundo término, se abordan las políticas de control del espacio público y disciplinamiento cotidiano; finalmente, se reflexiona sobre las implicancias de esta matriz institucional en la construcción de la memoria local a cinco décadas del golpe de Estado.

La intervención comunal: militarización y reconfiguración del poder local en Berazategui

El 5 de abril de 1976, en los inicios de la última dictadura cívico-militar, el intendente constitucional de Berazategui, Nicolás Milazzo, fue desplazado definitivamente de su cargo. Si bien el golpe de Estado se había consumado el 24 de marzo de ese año, el control del municipio fue asumido inicialmente de forma interina por el Mayor Heriberto Román. Sin embargo, la intervención militar definitiva se consolidó el citado 5 de abril, cuando el Teniente Coronel Horacio Rojas reemplazó a Román al frente de la comuna, la cual gobernó de facto hasta 1981.

Para centrarnos en este primer bloque es importante resaltar que se analizará la parte micropolítica y social de la zona, haciendo énfasis en la utilización de diferentes aparatos administrativos para la conjunción de las voluntades del régimen. En esta misma línea, cabe destacar que las llamadas “actitudes sociales” mencionadas en el apartado de Canelo y Kryskowski se pueden delimitar en un marco de desplazamiento sobre la voluntad comunal respecto a la homogenización del Proceso de Reorganización Nacional (PRN) en su búsqueda de diluir la acción vecinal y municipal sobre temas comúnmente abordados por la política democrática. Estos espacios, antes sirviendo como bisagra para muchas personas de diversas edades fueron mermando su participación en cuanto la intervención militar procuró una “asociación territorial” en la ciudad de Berazategui, persiguiendo y colaborando con las elites orgánicas locales. Estas medidas aparentaban una focalización sobre el control municipal para generar un control centrado en nodos críticos, combinada con una cooptación pragmática de cuadros civiles para moldear una “nueva clase dirigente”. El objetivo era generar un relevo generacional e ideológico capaz de trascender la coyuntura militar, una ambición que se revela con nitidez al desglosar la distribución cuantitativa entre el personal militar y civil en las intendencias.

Retomando esta última idea, el escrutinio de la no centralidad porteña nos permite complejizar el conocimiento histórico, visibilizar actores, temporalidades diferenciadas y dinámicas que no son una simple reproducción de lo que ocurría a nivel nacional. Es por esto que resalto aquí la constitución del movimiento de derechos humanos en la ciudad de Berazategui y la participación política de intendentes como el Mayor Heriberto Román, Tte. Cnel. Horacio Rojas y Rodolfo Spadaccini. La sucesión en el Ejecutivo comunal evidencia las distintas fases de la intervención de facto en el distrito; la asunción inicial de mandos del Ejército (como el Mayor Román y posteriormente el Teniente Coronel Rojas) respondió a la directiva de asegurar el control territorial y disciplinar una zona estratégica por su densidad fabril y movilización gremial. Sin embargo, la posterior designación de Rodolfo Spadaccini hacia fines del régimen ilustra la búsqueda de legitimidad y continuidad burocrática a través de funcionarios civiles, un fenómeno que la historiografía ha identificado como parte del engranaje cívico-militar en las intendencias bonaerenses (Canelo y Kryskowski, 2022). A modo de dato, dicha militarización inicial en Berazategui encuentra un respaldo empírico contundente en los datos aportados por Canelo y Kryskowski (2022): el distrito formaba parte del grupo selecto de municipios del Gran Buenos Aires con una densidad demográfica crítica (más de 500,1 hab/km²) y un porcentaje de población asalariada industrial superior a la media provincial, alcanzando el 24,42%.

Esta combinación de alta concentración urbana y peso fabril explica por qué la Junta Militar priorizó la designación directa de mandos del Ejército al frente de la comuna en 1976, subordinando la gestión local al control territorial y represivo de la fuerza de trabajo. Este patrón de apariencia simple fue el eje central de sometimiento por parte de las Fuerzas Armadas (FFAA) ya que consideraban la industrialización y escolarización como la concentración máxima de la subversión. Pero el acercamiento político de la mencionada Junta Militar con la intendencia municipal permitía que el escenario se achique en materia de control. La designación de intendentes civiles hacia la etapa final del régimen no respondió a una apertura democrática, sino al reclutamiento de sectores tradicionales afines al orden castrense. Al respecto, Canelo y Kryskowski (2021) advierten que “casi el total de los intendentes bonaerenses fueron hombres, vinculados con profesiones liberales (médicos y veterinarios, abogados, jueces y escribanos), o bien comerciantes, propietarios o empresarios locales, ocupaciones típicas de los notables locales reconocidos como “fuerzas vivas de la comunidad” (p. 203). La incorporación de figuras como Rodolfo Spadaccini en Berazategui ilustra con precisión esta lógica: la búsqueda de legitimar la administración comunal recurriendo a estos “notables” del entramado civil local para garantizar la continuidad del proyecto político y el control territorial sin sobresaltos.

Políticas de control del espacio público y disciplinamiento cotidiano

Comenzando este segundo bloque es necesario recordar lo que advierte Águila (2021) en cuanto a que la comprensión del régimen dictatorial exige trascender la exclusividad del dispositivo clandestino para indagar en las formas visibles de vigilancia y disciplinamiento que afectaron la vida cotidiana a escala local. En este sentido, la intervención del Municipio de Berazategui no operó como un mero aparato burocrático neutro, sino como un engranaje fundamental para el reordenamiento del espacio público distrital. Tras la clausura del Concejo Deliberante y la concentración de las facultades legislativas en manos de los comisionados de facto, la intendencia articuló una serie de normativas e inspecciones orientadas a regular la sociabilidad barrial, el uso de las calles y los ámbitos de encuentro vecinal en sintonía con los imperativos de seguridad del régimen. El control del espacio público y la disciplina laboral se entrelazaron con particular fuerza en torno a las grandes plantas fabriles del distrito. En el caso de la fábrica de vidrio Rigolleau, la militarización de los portones de ingreso y la vigilancia sobre las paradas y accesos aledaños buscaron sofocar los focos de resistencia gremial y desarticular a los delegados de base (Moya, 2018), articulando la acción de control territorial con el esquema represivo que culminó con el secuestro y desaparición de trabajadores del partido (Leguizamón, 2023). Aquí podemos notar que el hostigamiento no se limitó al interior de las plantas, sino que abarcó los trayectos cotidianos: paradas de transporte público, inmediaciones fabriles y estaciones ferroviarias del distrito.

La perpetuación de este hostigamiento no fue una acción desarticulada ni aislada, sino una respuesta sistemática a un denso activismo de base que caracterizaba a la zona fabril local. Como documentan González y Deluchi (2003), la conflictividad gremial en la planta de Rigolleau había alcanzado un punto de inflexión con el triunfo de la Lista Naranja en 1975, cuyos delegados democratizaron las asambleas fabriles antes de ser blanco directo de la persecución patronal y parapolicial previa al golpe. Una vez instaurada la dictadura militar, la vigilancia del espacio circundante a las plantas devino en la aniquilación del activismo obrero: las investigaciones locales revelan que alrededor del 70% de las víctimas de desaparición forzada y asesinato en Berazategui pertenecían al movimiento obrero fabril, siendo en su gran mayoría jóvenes de entre 18 y 30 años (Leguizamón, 2023, p. 24). Casos emblemáticos como el del delegado de Rigolleau Manuel Coley Robles, secuestrado en su domicilio por efectivos del Ejército y recluido en el centro clandestino “El Castillo” emplazado en la localidad de Plátanos, y el de Carlos Héctor Baratti, exdelegado seccional de la fábrica Ducilo, constatan la estrecha articulación entre la custodia militar del perímetro urbano y el terror sistemático sobre la fuerza laboral local (González y Deluchi, 2003; Leguizamón, 2023).

Huellas territoriales, burocracia comunal y debates sobre la memoria local

Al examinar el desenlace del régimen y el retorno constitucional en 1983, la experiencia berazateguense expone con claridad los matices del legado burocrático comunal. De acuerdo con el balance institucional del período, la administración local estuvo dominada por oficiales foráneos dependientes de las fuerzas represivas: de los once intendentes de facto que rigieron el distrito, ocho provinieron de las Fuerzas Armadas (FFAA) y de seguridad, siendo apenas dos de ellos vecinos arraigados en el partido (González y Deluchi, 2003, p. 234). La posterior asunción del civil Rodolfo Bernardino Spadaccini en julio de 1981 encarnó el esfuerzo del régimen por legitimar el orden burocrático apelando a personalidades destacadas de la comunidad y del ámbito educativo local, en momentos en que la crisis socioeconómica y las denuncias por violaciones a los derechos humanos quebrantaban el consenso autoritario (Canelo y Kryskowski, 2022; González y Deluchi, 2003). A cinco décadas del golpe de 1976, la reconstrucción histórica del nivel municipal en Berazategui demuestra que el gobierno local no fue un mero testigo administrativo, sino un actor coadyuvante en el disciplinamiento social cotidiano y en la desarticulación del tejido obrero del distrito.

Mientras tanto, la memoria colectiva se mantiene activa a través de homenajes, señalizaciones y reconstrucciones históricas que resignifican el territorio distrital. Esta persistencia comunitaria logró y continúa logrando transformar aquellos espacios que alguna vez funcionaron como dispositivos de vigilancia e intimidación en lugares de interpelación democrática, demostrando que el análisis de la escala municipal no solo echa luz sobre la capilaridad del terrorismo de Estado, sino también sobre la potencia inquebrantable de la memoria local a cincuenta años del golpe.

Bibliografía

Águila, G. (2021), La dictadura, las formas de la represión y los estudios a escala local. Anuario del Instituto de Historia Argentina, 21(1), Artículo e134. https://doi.org/10.24215/2314257Xe134

Basualdo, V., Morales, E. y Esponda, A. (2015), La represión a los trabajadores y el movimiento sindical en la última dictadura militar. Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. https://www.argentina.gob.ar/derechoshumanos/sitiosdememoria/investigaciones/represion-trabajadores

Canelo, P. y Kryskowski, J. P. (2021), “’Una nueva clase dirigente’. Los intendentes bonaerenses durante el Proceso de Reorganización Nacional” en Íconos: Revista de Ciencias Sociales, (71), 195-212. https://doi.org/10.17141/iconos.71.2021.4765

González, G. D. y Deluchi, F. (2003), Berazategui: 500 años de historia. Ediciones Corporativas.

Leguizamón, H. (2023), ¡Presentes! Desaparecidos y asesinados en Berazategui durante la última dictadura militar. Dunken.

Moya, A. (10 de diciembre de 2018), “La larga lucha obrera en Rigolleau”. Centro Informativo Berazategui. https://centroinformativoberazategui.com.ar/la-larga-lucha-obrera-en-rigolleau/


[I] Agustina S. Fernández: Licenciatura y Profesorado en Historia (UNQ)