Nuevas modalidades, mismas intenciones. Aproximaciones desde las ciencias sociales en el contexto de los 50 años de la Memoria, la Verdad y la Justicia

Por: Leandro Ramón Moreno [I]

Resumen

El siguiente ensayo tiene como objetivo realizar un análisis, desde las ciencias sociales, de los diferentes videos comunicacionales transmitidos por el gobierno nacional referidos a las conmemoraciones del último golpe cívico-militar ocurrido en nuestro país. Allí se revisarán diferentes campos disciplinares del ámbito histórico, filosófico y comunicacional que servirán como marco teórico de exploración en relación con la postura adoptada por el gobierno de turno en Argentina. Estos autores clásicos no abordan de manera directa el hecho en cuestión, sino que proponen una serie de postulados transversales que permiten revisar las prácticas metodológicas y discursivas con las que se intenta enviar el «otro mensaje»; todo esto se expresa en un contexto que incorpora elementos clásicos de una política de masas junto a nuevos canales de intercambio y transmisión de datos propios de la era digital.

Palabras clave: ciencias sociales, memoria colectiva, verdad, comunicación

Introducción

El gobierno nacional que preside Javier Milei ha utilizado en diferentes ocasiones videos documentales como herramienta comunicacional en fechas alusivas clave, como el Día del Respeto por la Diversidad Cultural y el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, por medio de sus canales oficiales[1], que incluyen distintas redes sociales como foco de llegada al público en general. Tales producciones tenían como objetivo presentar una visión completa o diferente de la que se tiene en el imaginario común respecto de lo sucedido durante la última dictadura militar ocurrida en Argentina (1976-1983). Sin embargo, este tipo de puntos de vista no son novedosos en el escenario social y político, sino que son modelos clásicos que se implementan a través de nuevos canales e instrumentos de comunicación.

La política incorpora al escenario actual nuevos interrogantes propios de las primeras décadas de cada siglo. La producción y el consumo para las masas, que se originan en la Revolución Industrial y llegan a todos los puntos en las primeras décadas del siglo XX, incluyen también a los medios masivos de comunicación; bien lo expresa Hobsbawm (2018) al decir que «el cine que posteriormente, a través de la televisión y el video, iba a transformar todo el arte del siglo XX… y su manera de representar la realidad» (p. 247). Así como en aquel periodo, hoy perduran varios de estos inventos que se fusionan en un mundo marcado por la digitalización comunicacional y nuevas prácticas políticas.

La verdad

La verdad y la llegada a tal revelación es un concepto muy debatido en el espacio de la filosofía; es necesario aclarar que este no es el lugar para un debate conceptual sobre ella, ya que la verdad no es relativa cuando nos referimos a los crímenes de lesa humanidad. Las producciones audiovisuales intentan presentarse como una verdad total, cuyo objetivo es desenmascarar un paradigma histórico y teórico incompleto, utilizando una retórica denunciativa hacia los postulados académicos que abordan la dictadura en pos de una defensa de los derechos humanos. Para ejecutar tal empresa, proponen una serie de «pruebas» que tienen la función de fundamentar una verdad reivindicatoria; esta práctica no solo tiene como objeto servir de respaldo narrativo, sino instalar (o reinstalar) dudas respecto de lo sucedido. Según Foucault (1996), «el poder político no está ausente del saber, por el contrario, está tramado con este» (p. 52); en términos de su filosofía, podemos decir que el conocimiento no es neutral, todo lo contrario: es intencionado y producto de lo que se acepta como verdadero o como falso. Será en estos términos que busca establecerse una verdad que no es objetiva y que utiliza la estructura del poder político como recurso para reproducir tales discursos. En lo que respecta a lo procedimental, la producción audiovisual[2] Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Completa utiliza como metodología lo que el autor francés denomina indagación, la cual consiste en una acción mediante la cual personas consideradas capaces en el conocimiento de las costumbres, el derecho y demás cuestiones juraban decir la verdad de aquello que conocían o habían visto. La indagación es una muestra del ejercicio del poder y de la transmisión y adquisición del saber: «una manera de autentificar la verdad, de adquirir cosas que habrán de ser consideradas como verdaderas y de transmitirlas» (Foucault, 1996, p. 80). Asimismo, se generan una serie de preguntas retóricas, como «¿A dónde están esos derechos humanos?», «¿Qué es lo que sucedió?», «¿Por qué nos convertimos en monstruos?» o «¿Por qué esa juventud se alza en armas y choca contra un muro y queda destruida?», que ponen en el centro del debate los valores, las normas y las percepciones que los sujetos tienen sobre lo acontecido, cuyo objetivo principal es reconfigurar la posición que los ciudadanos adoptan hacia el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Si bien es cierto que la cultura política es un proceso histórico y complejo que se deriva de un conjunto de prácticas e interacciones que los individuos mantienen con otros, no puede obviarse que también es parte de una construcción que, de acuerdo con Saín (2021), «se trata de un doble proceso de transmisión y adquisición totalmente dinámico, expuesto a producciones y reproducciones capaces de rediseñar las creencias y valores de los sujetos» (p. 338). El desarrollo de la democracia moderna estuvo directamente asociado al crecimiento de los medios de comunicación; ambas se materializan entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y comparten entre sus valores el acceso a la información y la libertad de expresión. Lo que se plantea aquí no son solamente las intenciones, sino el tipo de información que se transmite. La respuesta a la pregunta sobre qué ideales llevaron a que esa juventud chocara contra un muro y quedara destruida lleva en sí misma errores conceptuales -o, al menos, omisiones- que desde el punto de vista histórico no pueden dejarse de lado: conceptos como peronismo, castrismo y las diferentes teorías políticas generadas tras la revolución de los soviets no pueden aglutinarse sin observar sus diferencias[3].

Mismas intenciones

Las intenciones no cambiaron a lo largo de los años, solo encontraron nuevas maneras de organizarse y reproducirse. Lo que históricamente se conoció como la «teoría de los dos demonios», formulada durante el periodo de regreso a la democracia, tiene por objeto presentar el proceso de reorganización nacional y su terrorismo de Estado a un nivel de equiparación -y, por lo tanto, de justificación- con respecto a las organizaciones guerrilleras, como lo eran Montoneros y el ERP[4]. El video denominado La libertad de conocer nuestra historia. Completa[5] es un nuevo intento de establecer en el común denominador de la población una visión que justifica el accionar represivo, mientras exime de culpas a los distintos actores implicados. Son diversos los puntos sobre los que se asientan estas premisas; entre otros, algunos pasajes del prólogo de Nunca más, como aquel que comienza diciendo: «Durante la década de 1970, la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda» (CONADEP, 1998, p. 7). ¿Cuál es el motivo para reproducir esta teoría? ¿Por qué es importante instalarla constantemente? ¿Qué se logra al institucionalizarla en el mundo de la vida cotidiana? La vida cotidiana es el lugar donde se produce el conocimiento y el sentido de la vida social; bajo esta idea, Schütz (1964, p. 19) señala que el mundo en el que vivimos es intersubjetivo y está marcado por la comunicación de los sujetos y el lenguaje, y que por medio de esa relación se van construyendo formas típicas de conducta. La realidad y el conocimiento se construyen socialmente; la interacción de los distintos sujetos a través del lenguaje va generando significados compartidos, lo que lleva a un proceso de objetivación cuyos resultados luego serán institucionalizados y legitimados en el orden social, siendo el mundo de la vida cotidiana un mundo provisto de conocimiento y sentido (Berger y Luckmann, 1968). Este mundo, donde se comparten significados, cambia constantemente: una vez que se internalizó un conocimiento, este puede ser reemplazado por otro que haya sido objetivado e institucionalizado. A esto se hace referencia al hablar de las ya conocidas intenciones con nuevas modalidades de compartir información con el común denominador de la población, que posteriormente, por dinámica propia, se encarga de externalizarla, objetivarla e institucionalizarla. El ámbito de la vida común posee interrelación y sentido, pero para que esto sea posible debe existir intercambiabilidad de puntos de vista, donde exista la idea de un otro similar a mí; de ahí la reproducción de estas posturas. Retomando elementos de análisis referidos al material audiovisual, este manifiesta que el relato sobre lo sucedido en la Argentina durante los años setenta es producto de un acuerdo «historietístico, maniqueo y reduccionista», reproducido por la escuela como canal legitimador de dicho discurso. Tal narrativa pierde consistencia, ya que plantea el campo pedagógico desde una centroestatalidad hegemónica sin tener en cuenta que todo sistema educativo mantiene intercambios y negociaciones donde se establecen acuerdos y rechazos. En esta línea, Arata y Mariño (2013) indican que los distintos discursos pedagógicos se caracterizan por la inestabilidad, debido a que «son parte de un proceso histórico que nunca está cerrado; todo lo contrario, está sujeto a fricciones, impugnaciones y cuestionamientos» (p. 27). Esto se concretiza si analizamos las distintas políticas educativas que se implementaron desde el fin de la dictadura, las cuales fueron desde el Congreso Pedagógico Nacional de 1984 -marcado por una cultura pedagógica democrática y llevado a cabo durante un gobierno radical- hasta la Ley Federal de Educación (Ley 24.195), caracterizada por desarticular el sistema educativo en manos del Estado mediante la transferencia a jurisdicciones menores, puesta en marcha durante el gobierno de Menem.

Otro de los puntos sobre los cuales se asienta su fundamentación es la relación directa entre los grupos guerrilleros y el contexto de la Guerra Fría, donde se «enfrentan las potencias hegemónicas vinculadas al capitalismo y al socialismo a través de ‘sus áreas de influencia'». Por un lado, tal afirmación carece de un análisis histórico real capaz de diferenciar procesos históricos nacionales, regionales y mundiales, y unifica a variados grupos latinoamericanos sin distinguir los periodos históricos exactos de su creación ni los motivos internos de formación de cada uno, integrando de esta manera una misma línea histórica entre lo mundial, lo regional y lo nacional. Aun así, como bien señala Hobsbawm (1996, p. 236), desde cualquier punto de vista racional la URSS no representaba una amenaza inmediata para quienes se encontraran fuera del ámbito de ocupación de las fuerzas del Ejército Rojo.

La memoria

En distintas oportunidades se hace referencia a una memoria total o completa. En este caso, la producción audiovisual tiene como fin abordar la cultura política de la población y el significado que se tiene en relación con la palabra memoria. ¿Qué entendemos comúnmente por cultura política? Se entiende por cultura política todo aquello que los sujetos interpretan y valoran, y el significado que le otorgan a los sucesos de la vida política, así como las orientaciones que se toman a partir de ello. No son novedad alguna los estudios sobre la memoria social y la importancia que tienen los distintos puntos de referencia que estructuran la memoria colectiva de la población. En este caso, se apunta a distintos elementos de referencia, como el contenido histórico-científico, la figura del desaparecido, la violencia estatal, los derechos humanos y demás, que son reemplazados por una narrativa de guerra que omite los antecedentes nacionales en relación con los golpes de Estado, unificando diversos momentos y acontecimientos históricos bajo la misma insignia de «un periodo de guerra» que habría comenzado antes del último golpe de Estado. Esto se evidencia en la reiteración de palabras como guerra, terroristas y violencia, lo cual le permite a la narrativa desviar el foco del terrorismo de Estado para dar lugar a un relato que unifica, como parte de un mismo ciclo, todo lo acontecido antes y después del golpe. En este punto es necesario destacar que tanto la memoria como la cultura política son atributos colectivos que corresponden a los diferentes grupos y no a un individuo o a la suma de ellos. La memoria colectiva es una lucha central por el poder: «los olvidos, los silencios de la historia, son reveladores de estos mecanismos de manipulación de la memoria colectiva» (Schwarzstein, 2002, p. 472). La memoria y el olvido son una de las máximas preocupaciones de los diferentes grupos que dominan una determinada sociedad. La memoria se relaciona con la historia, pero no es lo mismo que ella: la primera es un estudio del pasado que siempre es problemático, y la segunda está siempre viva y presente, alimentándose de recuerdos particulares y simbólicos. El eje sobre el que se pone el foco es la producción social de la memoria, que debe entenderse como el lugar donde se desarrollan disputas, luchas y conflictos -especialmente políticos, en este caso-, lo cual invita a tener en cuenta el rol activo en la elaboración de sentidos que ofrecen los participantes, quienes están inmersos en una lucha de poder.

Las distintas generaciones van dejando a las siguientes una serie de creencias, hábitos y modos de vida, los cuales serán reproducidos en continuidad. Tal proceso no debe pensarse solo como algo natural, sino como una construcción, en tanto actividad contextualizada. Los procesos de producción y transmisión de la memoria son diferentes a lo largo del tiempo, y el neoliberalismo no es una excepción. Este fenómeno reformula las modalidades y las formas en que se produce la memoria colectiva, creando una despolitización del pasado donde «los estratos de la memoria se enfrentan a esta nueva razón neoliberal, que implica una relación nueva y diferente con el pasado» (Traverso, 2017, p. 5). El negacionismo se puede expresar mediante diversas prácticas, discursos y enunciados. En el video arriba mencionado se refiere a la dictadura como una «guerra» en la que se produjeron enfrentamientos que ocasionaron muertos en ambos bandos; tal postura no parte de un grupo de interés, personalidad o agrupación, sino de una institución estatal, lo cual requiere una mirada particular sobre su papel en el entramado social y sobre su intencionalidad en la formulación de mensajes que cuentan con el respaldo de toda una estructura política. Tal como lo indica Legarralde (2023), «no puede abordarse el negacionismo como un conjunto de actitudes, prácticas o enunciaciones descontextualizadas, sino que requiere un estudio situado» (p. 5); en este caso, en un marco de nuevas intenciones políticas, económicas y sociales donde el mercado marca la lógica de las decisiones estatales.

La política, la ciudadanía y lo comunicacional

Manin (1992) realiza una diferenciación entre las formas de representación política durante la época del parlamentarismo y la democracia de masas, y, por último, categoriza al momento actual como la democracia de lo público. Encadena lo público con los medios de comunicación: será este el espacio donde se desarrolla el debate antes efectuado en las cámaras parlamentarias y, posteriormente, dentro de los partidos políticos. Estos medios serán la herramienta para conectarse con las masas, pero de una manera diferente, potenciando a los sujetos y su llamatividad en lugar del clásico partido de masas de antaño. Así como en algún momento del siglo XX la radio tuvo la capacidad de llegar simultáneamente a millones de personas, convirtiéndose en un instrumento, hoy la diversidad de redes se presenta en un marco de cambio de siglo que se ve reflejado en lo comunicacional y lo político. Los tiempos actuales ponen en revisión una serie de conceptos y afirmaciones teóricas que abordan lo comunicacional y, por consiguiente, diferentes esferas de lo social; en este caso, la relación entre la comunicación y las actividades político-ciudadanas no será la excepción, ya sea por proposiciones ideológicas, epistemológicas o cotidianas que imponen un análisis de sus prácticas comunicacionales. Bien lo explica De Sousa Santos (2009) al decir que los conceptos que se utilizan en las ciencias sociales comienzan a estar desfasados en el tiempo y el espacio, lo cual obliga a pensar en la inadecuación de los conceptos y en la importancia de la cultura en cada uno de ellos. Esta afirmación propone reabrir el debate incorporando más elementos epistemológicos; lo que busca es plantear la cuestión del conocimiento en relación con el modo en que se conforma el escenario social, pues serán las formas de comunicación y de conocimiento implantadas las que regulen las acciones de los sujetos por medio de un vínculo entre lo racional y lo emotivo. De Sousa Santos (2009) plantea “de modo que tenemos que ver cómo hacemos para entender que estos problemas teóricos vienen de problemas epistemológicos, del tipo de racionalidad… El conocimiento moderno consiste en dar a la ciencia el monopolio de la distinción entre verdad y falsedad” (p. 4).

Conclusión

Durante los últimos años puede verse un resurgir de estas posturas, en las que la capacidad de los postulados negacionistas para ganar circulación en los diferentes ámbitos de lo social parece no encontrar límites frente a las evidencias propuestas por los distintos especialistas de variadas áreas académicas sobre la cuestión. La evolución de la comunicación no puede entenderse separada de las transformaciones sociales, tanto a nivel nacional como internacional. Estas formas de legitimación son difundidas por agentes cuya especialidad es la construcción de discursos y narrativas donde se resaltan algunos aspectos de determinados acontecimientos buscando establecer relaciones entre ellos, cuyo objetivo es promover nuevas interpretaciones sobre los modos en que los ciudadanos se perciben en relación con el mundo.

La investigación en el campo de lo comunicacional está enmarcada en un contexto de rupturas y recreaciones de la sociabilidad, cuyas principales características serán: el vaciado de significación que sufre nuestra democracia, la absorción de la esfera de lo público por parte de los medios masivos, y las perversiones sociales disfrazadas de apertura a lo heterogéneo.

Bibliografía

Arata, N. y Mariño, M. (2013). La educación en Argentina: Una historia en 12 lecciones. Centro de Publicaciones Educativas.

Berger, P. y Luckmann, T. (1968). La construcción social de la realidad. Amorrortu.

Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas [CONADEP] (1998). Nunca más: Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Prólogo). Eudeba. (Obra original publicada en 1984)

De Sousa Santos, B. (2009). Los desafíos de las ciencias sociales hoy. En Pensar el Estado y la sociedad: Desafíos actuales (cap. 3). Waldhuter Editores.

Di Tella, T. (Coord.) (2012). Diccionario de ciencias sociales y políticas (2.ª ed.). Emecé. (Obra original publicada en 2001)

Foucault, M. (1996). La verdad y las formas jurídicas (E. Lynch, Trad.). Gedisa. (Obra original publicada en 1978). http://www.hechohistorico.com.ar/archivos/Foucautl%20-%20La%20verdad%20y%20las%20formas%20jur%C3%ADdicas.pdf

Franco, M. (2014). La «teoría de los dos demonios», un símbolo de la posdictadura en la Argentina. A Contracorriente, 11(2), 22-52. https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/34129/CONICET_Digital_Nro.2e287f0f-8311-40a3-861d-ca6f78a25e59_A.pdf?sequence=2&isAllowed=y

Hobsbawm, E. (1996). Historia del siglo XX. Crítica.

Hobsbawm, E. (2018). La era del imperio, 1875-1914. Crítica.

Legarralde, M. (2023). Negacionismo y adoctrinamiento. Confrontaciones educativas a 40 años de la recuperación de la democracia. Archivos de Ciencias de la Educación, 17(24), Artículo e129. https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.17789/pr.17789.pdf

Manin, B. (1992). Metamorfosis de la representación. En M. Dos Santos (comp.), ¿Qué queda de la representación política? CLACSO-Nueva Sociedad.

Saín, F. (2021). Notas de ciencia política: Esbozo de una sistemática social de la política. Universidad Nacional de Quilmes.

Schütz, A. (1964). El mundo social y la teoría de la acción social. Amorrortu. (Edición utilizada, 2012)

Schwarzstein, D. (2002). Memoria e historia. Desarrollo Económico, (167), 471-482.

Traverso, E. (2017). Políticas de la memoria en la era del neoliberalismo. Aletheia, 7(14). http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.7907/pr.7907.pdf


[1] Los canales oficiales del gobierno son, actualmente: Facebook (http://www.facebook.com/casarosadaargentina/), Twitter (http://www.twitter.com/casarosada), Instagram (http://instagram.com/casarosadaargentina) y YouTube (https://www.youtube.com/casarosada). Véase: https://www.casarosada.gob.ar/m/eventos-destacados/35131-la-casa-rosada-lanzo-hoy-sus-nuevas-redes-sociales.

[2] En este caso, se hace referencia al material compartido durante el año 2024: https://youtu.be/dcHv_BNdVAI.

[3] Para una mejor identificación conceptual, se recomiendan las definiciones de Di Tella (coord., 2012).

[4] Para profundizar sobre el tema, se recomienda: Franco (2014).

[5] Véase: https://youtu.be/0bJfuRCAan8.